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Escuchar el término “crisis existencial” genera temor. Las personas que lo han experimentado suelen describirlo como un grupo de sensaciones complejas que incluye: desasosiego, tristeza y nostalgia. Esta mezcla de emociones llevan a las personas a realizar una autorevisión de las expectativas del pasado en contraste con la situación actual.
Aunque no sabemos con exactitud de dónde provienen, muchos de nosotros logramos establecer una conversación privada que nos invita a preguntarnos qué sucede, qué falta o qué sobra.
Acompáñame para que juntos alcancemos a entender mejor de qué se trata.
La crisis existencial se puede definir como un conflicto interno que se produce en nuestras vidas durante un momento específico. Al principio comienza como una pequeña insatisfacción que no parece pasar a mayores.
Luego, la insatisfacción, que parecía superflua y pasajera, se convierte en una serie de dudas acerca de nuestra existencia, de la persona que soñamos ser y de la que somos hoy día, dando paso a la ansiedad. Pensamos que aquello que solía hacernos felices ya no tiene ningún sentido y comienza una búsqueda de respuestas que produce más preguntas.
El cuestionamiento constante nos enfrenta al mapa que nos trazamos. Básicamente, invertimos nuestro tiempo en un proceso de auto-reconocimiento de quiénes éramos y en quiénes nos convertimos.
De acuerdo a los conceptos fundamentales de la Psicología, las crisis existenciales tienen algo en común: sentir que la vida no tiene sentido, que hemos vivido creyendo que perseguimos una meta específica que dejó de ser importante y por ende, todo lo que hemos hecho tampoco lo es.
Esto es profundamente agotador y produce apatía, ansiedad, nervios, desánimo y falta de motivación. Incluso, hay personas que llegan a experimentar ataques de pánico al sentir que su existencia ha sido en vano y que nada de lo que hacen tiene sentido específico.
Se experimenta la sensación del ratón en un laberinto: aunque hagamos nuestro mayor esfuerzo, no logramos encontrar la salida y la respuesta que tanto ansiamos.
Pero dejarnos llevar por la desesperación y la angustia es el peor error que podemos cometer. La paciencia es nuestra mejor aliada. Es vital reconocer que estamos cambiando y que el norte ha cambiado.
Darnos permiso para dudar acerca de nuestras pasadas decisiones nos acerca a ese nuevo objetivo. Reconocer lo bueno que hemos logrado, nuestras habilidades y competencias es vital para modificar esa porción de nuestra vida que no nos satisface completamente.
Salir de la zona de confort nos impulsará a conseguir caminos y respuestas que antes no hubiéramos considerado.
No olvides que buscar ayuda profesional es una de las mejores opciones ante situaciones de esta naturaleza. La aplicación de test exploratorios acortan el proceso y suavizan la experiencia contradictoria por la que estamos atravesando.
Lo importante es vivir la circunstancia de manera positiva, enfocando el lente hacia nosotros mismos sin herirnos. Entender que somos capaces de superarlo y que un camino nuevo no significa perder la identidad o desvalorizar lo que hemos logrado hasta ahora.
Queremos ayudarte a conseguir una mejor versión de ti. Si nos aportas más información sobre tu situación podremos entender mejor qué la provoca:
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