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La habilidad de escuchar

Sin la habilidad de escuchar, toda comunicación se convierte en un monólogo. Cuando un emisor no se siente escuchado abandona el intento de establecer una comunicación y la interacción concluye, muy a menudo, con emociones negativas.

Sin la habilidad de escuchar, toda comunicación se convierte en un monólogo. Cuando un emisor no se siente escuchado abandona el intento de establecer una comunicación y la interacción concluye, muy a menudo, con emociones negativas y con la presencia de interferencias para futuros intentos de comunicación.

Para demostrar el receptor que se le ha entendido suele utilizarse la paráfrasis o la repetición del mensaje previamente enviado por el emisor. 

Un aspecto relevante de la habilidad de escuchar es la habilidad de empatizar o ponerse en el lugar del otro y entender sus sentimientos. Escuchar y demostrar comprensión y entendimiento son dos poderosos reforzadores sociales y prerrequisitos para la intimidad. Su ausencia o baja ocurrencia puede dar lugar a interacciones muy insatisfactorias.

Constituye además un requisito previo y básico para otro tipo de entrenamientos más complejos como son la Habilidad de Solución de Problemas o el manejo de contratos. 

Para dominar la habilidad de escuchar activamente es necesario:

  1. Dar señales verbales y no verbales de estar escuchando.
    Mediante las repeticiones o el resumen parcial del mensaje por el receptor hacemos notar al emisor que su mensaje lo estamos recibiendo. El contacto visual, la sonrisa si precede, los movimientos afirmativos de cabeza, trasmiten al emisor la sensación de sentirse escuchado y comprendido. De este modo se animará a seguir trasmitiendo información. Efecto similar pueden tener las conductas de apagar la música, el TV, o dejar a un lado el periódico y acercarse al interlocutor. 
     
  2. No juzgar. De importancia relevante es esperar a que el otro termine de transmitir toda la información, evitando adelantarnos y “adivinar” lo que va a decir, o emitir juicios de valor o rechazo acerca de la información recibida. Escuchar, sin juzgar y limitándonos a enviar al emisor señales de que estamos recibiendo sus mensajes es el modo más eficaz de facilitar la comunicación.
     
  3. Recibir y no emitir. Conviene enfatizar y reiterar el papel del receptor durante el proceso de escuchar activo: recibir y no informar: Muy a menudo olvidamos nuestro papel de receptores activos y nos disponemos más bien a preparar lo que vamos a decir a continuación una vez termine el otro de emitir. 
     
  4. Pedir más información Una vez que el emisor ha terminado de emitir un mensaje conviene demostrar de nuevo nuestra actitud de oyente activo animándole a darnos más información. Frases como “¿deseas decirme algo más?” o “¿qué más desearías de mí?” ayudan a este fin.

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