Aprender a poner límites

Muchos padres acuden a mi consulta porque no saben dónde y cuándo es adecuado poner los límites a sus hijos.

A medida que crecen los niños, van ganando independencia, van probando cosas, expanden sus conocimientos y a su vez, por pequeñas situaciones se frustran, arman berrinches, etc.

Es acá dónde como personas, nos empezamos a encontrar con la necesidad de plantear los primeros límites y normas, resultando bueno la presencia de padres con capacidad de diálogo con sus hijos y claridad para pautar cuáles debieran ser.

Poco a poco nuestros hijos van descubriendo, tomando conciencia, que los actos tienen consecuencias, y que el aprendizaje de normas nos va preparando para la convivencia.

Límites y normas

Los límites y las normas no son malos, todo lo contrario, dado que estos nos protegen, nos dan confianza y estabilidad. Nos ayuda a establecer relaciones sanas y no tóxicas con los otros.

Pero no es fácil poner y sostener estos límites, es por eso por lo que quiero aconsejar algunas cosas al respecto, para hacerlo sin culpas y convencidos de que representan un bien.

No es bueno concluir que es mejor evitarlos ya que ser demasiado complaciente y hasta sobreprotector, podría ser una conducta a largo plazo perjudicial para los hijos.

Consejos para poner límites

Para ser efectivos en los límites sugiero los siguientes 6 consejos:

  1. Poner pocos límites, sencillos, que se puedan comprender y hacerlos cumplir por lo concretos que son. Los límites deben ser objetivos: “Por favor guarda los juguetes en su lugar”.
  2. Hacerlo en forma positiva, reforzando los beneficios, los valores que conlleva, los efectos buenos del mismo. Por el contrario, las amenazas no son un camino que aconseje.
  3. Nunca poner un límite desde el enojo, ni gritando, es preferible primero tomarse un tiempo para calmarse y poder pedir adecuadamente lo que queremos en forma emocionalmente equilibrada.
  4. Este consejo está vinculado al anterior, es bueno dar razones, explicar el sentido del límite y evitar el famoso “porque sí”.
  5. Debemos ser coherente con los límites que exigimos, se debe predicar desde el ejemplo, no se puede exigir no gritar, si yo grito, por ejemplo.
  6. Por último, y no por esto menos importante, dejar en claro cuánto amamos a ese niño o persona, en eso debería fundarse la autoridad del límite y dar a entender que lo que se observa es en todo caso una conducta, pero siempre respetando y valorando la persona.

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