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La procrastinación en el trabajo es el mal hábito a dejar las tareas a realizar para último momento. Esta situación le puede ocurrir a muchas personas, les puede ocurrir de una forma circunstancial porque se han llenado de actividades y quedan atascadas, sin embargo, para otras personas la procrastinación es un estilo de vida. Procrastinar es posponer actividades importantes cayendo en la pérdida de tiempo, por ejemplo, escuchando música, viendo videos o revisando las redes sociales.
La procrastinación es la postergación o aplazamiento sistemático de tareas importantes, tal vez, por otras que no tienen tanta relevancia, pero que pueden ser más placenteras a ser realizadas. Al tener un comportamiento de procrastinación, quedamos mal en nuestro entorno, es por esta razón que se debe evitar, manejar la situación, aprendiendo a organizar las actividades según la importancia y el tiempo de entrega, para que no se nos salga de control.
En una corporación que tenga funciones distintas, pero donde cada una de sus piezas se acoplan a un mismo ritmo, se hará necesario determinar la forma de erradicar cualquier evidencia y foco de la procrastinación. Esta acción evitará el efecto de caída libre o efecto bola de nieve, que amenaza a un equipo entero en sabotear su gestión.
Realizar las tareas a último momento nos exige un esfuerzo extra, muchas veces agotador. Procrastinar es algo que se puede presentar a diario, y sobre esto vamos a mencionar algunas situaciones donde nos afecta la procrastinación:
Procrastinar en las tareas: podemos elaborar un listado con todas las tareas por realizar, donde se realizan las tareas más sencillas y se postergan las más complicadas. Hacemos esto, tal vez, para lograr engañar a nuestro cerebro y así creer que estamos siendo más productivos, aún así, esto no es buena idea. Lo más recomendable es realizar las tareas más complicadas en primer lugar, estas requieren de más energía de nuestra parte, dejando las tareas más sencillas para el final.
Comprar en el supermercado: para ir al supermercado, también es normal que elaboremos una lista de la compra a realizar, para que no se nos olvide nada y eso está muy bien. El problema se presenta si cogemos las cosas muy rápido y sin orden, por ejemplo, coger una caja de leche desde el inicio de la compra, esto hará que llevemos encima mucho peso, si lo mejor era ir por lo más liviano de primero.
Algunas veces, se puede recurrir a procrastinar para dejar emociones negativas para más tarde o para librarnos de esas emociones negativas lo más pronto posible. No está mal realizar esto, siempre y cuando se haga de una manera inteligente, que no afecte la productividad, aplicando un mayor esfuerzo y obteniendo una menor productividad. Esto es una característica propia de las personas meticulosas, solo que algunos terminan recurriendo a este error y perdiendo energía.
Nuestro cerebro se puede sentir productivo, si realizamos una procrastinación, creyendo que obtendremos una recompensa rápida, esto se puede justificar por el instinto de supervivencia, en el cual buscamos realizar las cosas más fáciles antes que las difíciles.
Al final, realmente se ejecuta una tarea para ahorrar tiempo, y tal vez se realiza de una manera equivocada. En estos casos, lo más recomendable es gestionar mejor la energía y no el tiempo, iniciando con lo más difícil.
Queremos ayudarte a superar los problemas generados por el coronavirus. Si nos aportas más información sobre tu situación podremos entender mejor qué la provoca:
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